Hoy en día podemos encontrar principalmente dos tipos diferentes de TV, aunque puedan parecer muchos más debido al marketing que realizan muchas marcas; OLED y LCD. Ambas tecnologías tienen sus ventajas y sus inconvenientes.
La tecnología LCD (acrónimo de pantalla de cristal líquido en inglés) es la más veterana y le debemos el paso de las antiguas televisiones de tubo de rayos catódicos a las pantallas planas. Es por lo tanto una tecnología muy desarrollada que hoy en día ofrece una alta calidad de imagen. Con el paso de los años, el coste de fabricación de este tipo de paneles también se ha reducido enormemente y por esa razón es posible adquirir pantallas LCD de gran tamaño a precios muy atractivos.
En las pantallas LCD, un panel de iluminación detrás de la misma emite una potente luz que atraviesa la pantalla, independientemente del contenido que muestre. En función del mismo, la luz pasará o no lo hará dentro de todo el espectro posible, formando los diferentes colores que vemos en cada pixel. Este panel está siempre encendido, incluso cuando la pantalla sólo muestra un fondo negro. Esta es la razón por la que las pantallas LCD parecen estar encendidas ligeramente aunque no se muestre imagen, sobre todo si la utilizamos en una habitación con poca iluminación. Aunque existen marcas que encienden diferentes partes del panel de iluminación en función del contenido para conseguir minimizar este efecto, lo más habitual es que todo el panel se encuentre encendido. Este es el componente que más energía consume en este tipo de televisiones.
Es importante no confundir la tecnología LCD con LED, porque son complementarias. Cuando se indica que una TV es LED simplemente se quiere decir que ese panel de iluminación utiliza LEDs para emitir su luz, en lugar de otros métodos como lámparas fluorescentes con un gas inerte, que era la tecnología más utilizada en los primeros años de desarrollo de las pantallas LCD. Un panel LED consigue una iluminación más uniforme en toda la extensión de la pantalla, y un consumo mucho más reducido. Su vida útil también es muy superior, no perdiendo brillo con el paso del tiempo, que era el principal problema de las pantallas con iluminación generada con tubos fluorescentes. Por esta razón, la inmensa mayoría de pantallas LCD a la venta actualmente utilizan paneles de iluminación LED.
OLED es el acrónimo de organic light emitting diode en inglés, que en español se podría traducir como Diodo orgánico de emisión de luz. La tecnología de pantallas OLED no es nueva. Lleva décadas existiendo, y se ha utilizado en todo tipo de productos, como por ejemplo en calculadoras de hace más de 30 años. Sin embargo, no ha sido hasta los últimos años que las mejoras de calidad, miniaturización y durabilidad de las pantallas OLED ha permitido representar imágenes a una resolución muy elevada y con un altísimo nivel de calidad, superando al de las pantallas LCD en muchos aspectos.
La principal característica de las pantallas OLED es que cada pixel o punto de la pantalla emite su propia luz. Esto permite evitar la utilización de un panel de iluminación, y eso a su vez permite fabricar una pantalla mucho más delgada, de tan sólo unos pocos milímetros que ocupa el sustrato que mantiene los pixeles en su sitio. También permite doblar la pantalla si fuera necesario, algo que con una pantalla LCD sería imposible. Otra de las grandes ventajas, es que si un pixel no emite luz porque se quiere representar el negro, no se consume esa energía, y por esa razón estas pantallas son más eficientes energéticamente hablando en la mayoría de situaciones.
Gracias estas características, el negro se representa realmente como tal y se consigue un nivel de contraste mucho más elevado. Los colores son también muy vivos y potentes. Aunque antiguamente la durabilidad de las pantallas OLED era muy reducida, hoy en día la tecnología ha mejorado lo suficiente como para no tener que preocuparse nunca por la vida útil de una TV OLED. El único inconveniente que presentan este tipo de pantallas es su precio, considerablemente más elevado.